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Antiguas
recetas |
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De muy antiguo le viene al
hombre el afán de recetar. La historia de la
medicina antigua no es más que una colección de
prescripciones más o menos absurdas encaminadas
a devolver la salud al paciente. La mayoría son
de una extravagancia enorme, pero no nos riamos
mucho de ellas.
El cáñamo, el muérdago y la infusión de
adormideras ahuyentaban a los espíritus malignos
del dolor. La corteza de sazuce y el abedul negro
calmaban los dolores reuma´ticos. Los retoños
de cicuta, recién cogidos, curaban el escorbuto,
y a los enfermos de hidropesía se les daba un
sapo hervido en agua y hecho un revoltillo, como
el caldo de las brujas de Macbeth, que parecía
mejorarlos. ¿Que tales medicamentos eran pura
fantasía? Esto es lo que los hombres de ciencia
creían hasta hace muy pocos años, cuando
descrubrieron que en la piel del sapo hay una
droga llamada bufonina, que es realmente muy
eficaz para el tratamiento de la hidropesía.
De la antigua China viene la creencia de que,
para librar a los niños de pecho del mal
espíritu que les produce convulsiones, hay que
darles pedacitos de hueso de dragón, y, aunque
parezca absurdo, los tales huesos son de
dinosaurio enterrados en arenas del desierto del
Gobi. Hoy en día los médicos recetan calcio
para ciertas convulsiones que sufren los recién
nacidos, y los huesos de dinosaurio, como todos
los otros huesos, contienen calcio.
Como muestra de la complejidad de las recetas
antiguas. He aquí algunas fórmulas para curar
el "mal de la piedra":
"Récipe. Ceniza de escorpiones, dos partes;
cantáridas cortadas las alas, una parte; sangre
de cabrón desecada, dos; ceniza de vitro, ceniza
de liebre, ceniza de coles no transplantadas, de
huevos que salieron pollos, y ceniza del ave
cauda trémula, de cada cosa tres partes; piedra
judaica, esponja, piedra del hígado del buey,
simiente de malvavisco, de salsífraga, goma
arábiga, Nilium solis, silobálsamo,
espicanardo, culantro fresco de pozo"; de
cada una de estas materias tomaban la cantidad
sabida, y todo confeccionado con miel rosada,
medio cuartillo, se administraba cantidad como de
dos avellanas por mañana y tarde con decocto de
garbanzos negros y trébol marino.
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